Relato y diálogo
Seguir una historia por donde se cortó: la escena que se interrumpe en plena estación, un diálogo entre dos personajes parado en mitad de la réplica y el final que al relato aún le falta.
Escena de relato que se corta
Sigue una escena interrumpida durante tres párrafos, con el estilo del original y libertad para añadir detalles nuevos.
El último autobús a Bilbao salía a las once y cuarto, y Lucía llevaba veinte minutos mirando el panel como si mirándolo fuese a cambiar algo. La estación olía a lejía y a bocadillo de tortilla. En el banco de enfrente, un hombre con abrigo de espiga dormía con la boca abierta y una maleta atada al tobillo con un cinturón.Cuando por fin apareció el autobús,
Lucía no se movió. Vio subir a una pareja con dos bolsas de El Corte Inglés, vio al conductor guardar el equipaje en la bodega y vio cerrarse la puerta con ese suspiro hidráulico que siempre le había parecido una forma de despedida.El autobús salió. El panel cambió y en la línea de arriba ya no había nada escrito.El hombre del abrigo de espiga abrió un ojo, la miró un segundo y volvió a cerrarlo, como si aquello lo hubiera visto muchas veces y supiera exactamente cómo terminaba.
Diálogo que se queda parado
Continúa un intercambio de réplicas sin meter personajes nuevos, manteniendo el reparto de líneas entre quienes ya están hablando.
INTERIOR. COCINA DE UN PISO EN ZARAGOZA. NOCHE.ÁLVARO: Lo he vendido.MARTA: ¿El qué has vendido?ÁLVARO: El coche. Esta tarde, por Wallapop. Nueve mil ochocientos euros, en mano, a un chico de Huesca.MARTA: Álvaro.ÁLVARO: Está todo bien, ¿vale? Tenemos hasta septiembre y
con eso llegamos.MARTA: No te he preguntado si llegamos. Te he preguntado por qué no me lo dijiste antes de venderlo.ÁLVARO: Porque me habrías dicho que no.MARTA: Claro que te habría dicho que no.ÁLVARO: Pues ya está.MARTA (se sienta): No, ya está no. Está que mañana entro a las seis en el hospital y ahora mismo no sé cómo voy a llegar.ÁLVARO: Te llevo yo.MARTA: ¿En qué?
Final de una historia
Lleva el relato hasta su desenlace, sin límite de párrafos y con margen para resolverlo a su manera.
Durante treinta y un años, Marta Ibáñez había abierto la papelería de la calle Ruzafa a las nueve menos cuarto. El último día no colgó el cartel de abierto. Se sentó en el taburete de detrás del mostrador, con la persiana a media altura, y esperó a que entrara alguien, aunque ya no quedaba nada que vender salvo el expositor de bolígrafos que
nadie le había comprado ni aceptado de regalo.A las diez y veinte entró una niña con dos euros en la mano y pidió un cuaderno de cuadros. Marta le dijo que no le quedaban cuadernos. La niña se quedó mirando el expositor y preguntó cuánto costaba el bolígrafo azul.Marta se lo dio y no le cobró. Después bajó la persiana del todo, desde dentro, y se quedó un rato más sentada en el taburete, a oscuras, escuchando el ruido de la calle Ruzafa, que seguía exactamente igual que a las nueve menos cuarto de hacía treinta y un años.