La palabra «originalidad» significa dos cosas distintas, y confundirlas causa casi todas las correcciones inútiles. La técnica es la parte del texto que no aparece ya publicada en otras páginas. La de fondo es lo que su texto tiene y los demás resultados no: su experiencia, sus ejemplos, su punto de vista.
Los detectores miden lo primero: parten el texto en cadenas cortas de palabras y las buscan en su base de datos. De ahí salen dos consecuencias. Un mismo texto recibe valoraciones distintas en dos herramientas, porque ni las bases ni la longitud de la cadena coinciden. Y una coincidencia no siempre es plagio: una fórmula legal coincide siempre.
El detector no sabe nada de autoría: solo ve cadenas repetidas. Su propio texto, publicado hace un mes en otro canal, coincide igual que uno ajeno. Por eso conviene mirar antes con qué ha coincidido cada fragmento: a veces no hay nada que arreglar.
El objetivo de «que no coincida nada» casi siempre hace daño: un texto sin expresiones reconocibles pierde los términos propios de la materia y se lee peor. El razonable es otro: quitar las coincidencias que aparecieron por pereza y dejar las que no se pueden tocar sin falsear el sentido.
Para trabajar, olvide la cifra final del informe y mire los fragmentos marcados: el resultado cambia de una herramienta a otra, pero la lista de pasajes coincidentes es un plan de correcciones concreto. Casi siempre aparecen las mismas tres cosas: una entrada de plantilla, definiciones de manual y enumeraciones copiadas casi palabra por palabra.